Uno de los momentos que más se repiten en el mostrador es el cliente que llega con las medidas anotadas en un papel. Hacer bien la cuenta en ese momento es la diferencia entre una venta prolija y un cliente que vuelve a la semana porque le faltaron dos placas.
1. Medir la superficie real
Para paredes: ancho por alto de cada paño, y se descuentan puertas y ventanas grandes. Para pisos y cielorrasos: largo por ancho de cada ambiente. Si el ambiente tiene forma de L, conviene dividirlo en dos rectángulos y sumarlos.
2. Sumar el extra por cortes
Siempre hay recortes en los bordes, en los encuentros y alrededor de aberturas. Como regla práctica sumamos un 10% a los m² medidos. En ambientes con muchos cortes o colocaciones en diagonal, conviene ir a un 15%.
3. Pasar a cajas cerradas
Dividí los m² (con el extra) por lo que rinde una caja y redondeá siempre hacia arriba. En la ficha de cada producto de nuestra tienda figura cuántos m² rinde la caja, y hay una calculadora que hace la cuenta por vos.
4. No olvidarse de las terminaciones
Perfiles, zócalos y terminaciones se calculan en metros lineales: el perímetro donde el revestimiento termina contra otra superficie. Venderlos en la misma compra le ahorra al cliente un segundo viaje y le da a la obra un acabado profesional.
Ejemplo
Un living de 4 × 5 m con piso: 20 m² + 10% = 22 m². Si la caja rinde 2,23 m², son 22 ÷ 2,23 = 9,9, o sea 10 cajas. Más el zócalo para el perímetro de la habitación.